Desde nuestra época de estudiantes las evaluaciones han estado generalmente asociadas a sentimientos negativos: temor, incertidumbre, angustia. Seguramente no es el caso de todos, pero sí el de muchos. La duda del qué va a pasar y qué resultados se van a obtener, combinada con las dudas de las propias capacidades que, de repente, parecen ser más grandes y visibles, llevan a generar rechazo (consciente o inconscientemente) a todo el proceso. Ese rechazo nos lleva a subir unas barreras entre el proceso y nosotros. Barreras que pueden ser explícitas (“¡Odio que llegue la época de evaluación!”) o menos evidente (“no tengo tiempo” “esto es una perdedera de tiempo” “¿¡para qué todos los años la misma cosa!?”).

Pero qué tal que todas esas inseguridades y barreras que nos encargamos de gestar, alimentar y afianzar, nos estén llevando a perdernos de una posibilidad que tal vez no habíamos considerado: usar la valuación del desempeño como un trampolín hacia nuevas oportunidades. ¿Cómo usar entonces la evaluación adecuadamente? Aquí te comparto unos tips:

  1. Primero, preparación. Encárgate de conocer con tiempo cuáles son los aspectos que se esperan de ti y sobre los cuales te van a evaluar. Tenlos presentes e idealmente visibles durante la ejecución de tus funciones diarias. Esto te permitirá no sólo orientar tus esfuerzos hacia el cumplimiento de esos estándares y no que además te permitirá ir siendo consciente de qué logros específicos puedes presentar en favor de tu desempeño.
  2. Segundo, pregunta. No temas pedirle feedback periódico a tu jefe. No es necesario espera el momento de la evaluación para tener esa conversación, que te permitirá hacer ajustes oportunos y mejorar la dinámica laboral.
  3. Tercero, cambia el chip. Una actitud positiva hacia el proceso de evaluación, basada en la certeza que la evaluación es el paso previo para el desarrollo, harán maravillas para facilitar todo el proceso y hacerlo más productivo aún.
  4. Cuarto, ¡brilla! Una vez en la evaluación, no temas resaltar tus logros, en especial aquellos que han contribuido a logros del equipo y/o de la empresa. Asimismo, escucha las oportunidades de mejora que tu jefe tiene para señalar. ¡Nadie es perfecto! E identificar esos puntos por fortalecer, ayudará a marcar el camino para el crecimiento.

Así pues, la invitación es a que, en lugar de evitar y postergar el momento de la evaluación, prepárate para él. Anticípalo. Sé dueño de tu proceso.

Es decir, la evaluación va a suceder. No es opcional, no lo puedes controlar. Y muy seguramente será tenida en cuenta al momento de revisar posibles aspirantes a un cargo superior. Nada de eso está en tus manos.  Lo que sí puedes controlar es cómo la recibes: ¿la capotearás con un Oleeeee para que pase por tu vida laboral sin pena ni gloria para esperar un año más el temido momento, o agarrarás el toro por los cuernos para hacerte cargo, y conscientemente apuntarle a tener un papel activo en tu crecimiento profesional?

Bibiana Vargas
Socia Consultora

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