Generosidad

Hace un par de días leí una frase que ha dejado en mi una profunda sensación de calma. Erich Fromm, psicoanalista y filósofo humanista escribió alguna vez:

“Dar a los demás todo lo que está vivo en nosotros: nuestro interés, comprensión, nuestro conocimiento, nuestro humor, todo lo que es bueno en nosotros. Al hacerlo, mejoramos la sensación de vitalidad en los demás al mismo tiempo que realzamos la nuestra. Cuando damos, obtenemos una “vitalidad elevada de lo que significa ser humano”. Erich Fromm.

Reflexiono y valido que Fromm tenía claro el concepto, cuando damos, se activa dentro de nosotros el gran poder de la solidaridad, nuestro corazón generoso se vuelca a los demás sin más interés que aportar positivamente a la vida de los demás; y muchas veces, sin darnos cuenta, nuestra propia vida se impregna de energía y de vitalidad.

Para mí, dar implica empaparse de realidad, poner a trabajar las manos, sudar los esfuerzos, las preocupaciones y las inquietudes de la gente. Dar significa adentrarse en las entrañas de la comunidad e instalarse en el corazón de las personas, tomando sus necesidades como propias y por supuesto abrazando la esperanza de un futuro prometedor.

Durante este año, muchas han sido los aprendizajes, la vida nos ha golpeado de frente y nos ha sacudido, ha puesto a prueba nuestros privilegios, nuestros planes y nuestros sueños. Nos ha hablado en voz alta y nos ha regalado una especie de manifiesto, donde el servicio a los demás cobra relevancia. La pandemia nos ha hecho vivir momentos muy difíciles, pero también hemos sido testigos de la generosidad del espíritu humano y de todo lo que somos capaces cuando permitimos que aflore en nosotros la generosidad y el amor por los demás.

Hoy, cuando los centros comerciales se llenan de gente en una búsqueda desesperada por el regalo ideal de Navidad para los suyos, me gustaría que hiciéramos una pausa y retrocedamos algunos meses atrás cuando, en medio del encierro, el mejor regalo era ver como la naturaleza recuperaba su territorio, compartir tiempo con nuestros hijos mientras aprendíamos a cultivar o brindar ayuda a los adultos mayores de nuestra comunidad para hacer sus compras.

La generosidad es una elección, y al momento de hacerla encendemos una antorcha que no solo ilumina el camino de los demás, sino también el nuestro. Hay infinitas formas de darnos a los demás y quiero compartir contigo algunas formas de ayudar:

  • Comparte tus talentos: ¿en qué eres bueno? ¿Puedes ayudar alguien que lo necesite con lo que sabes hacer?
  • Dona tu tiempo: invierte tu tiempo en una buena acción, muchas fundaciones están en búsqueda de una mano: para organizar donatones, para empacar y distribuir ayudas, entre muchas otras tareas logísticas que requieren tiempo y dedicación.
  • Perdona: perdonar es uno de los grandes regalos que podemos dar al otro, en alguna ocasión leí una frase de la cual desconozco el autor pero que me ha marcado sustancialmente: “Hay una errónea percepción de que el perdón significa la apología de perdonar los actos de los demás. El perdón es liberar el ciclo de tortura que reside dentro de nosotros”. Te invito a cerrar este año con un corazón liberado, sin cosas pendientes con los demás.

Entregar generosamente a aquellos que nos rodean, sin importar que tanto poseemos, nos permite sentirnos libres y vivos. Quiero despedirme invitándote a un reto: Piensa y realiza 10 actos generosos, grandes o pequeños, que quisieras llevar a cabo en esta temporada.

María Bernarda Bustillo
Consultora de Atracción del Talento Humano

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